Filosofía, política, literatura.

viernes, 15 de junio de 2012

Noches y pulmones hundidos

Asfalto y edificios,
charlas de vicio y altura.
Vértigo, locura;
amor y poesía dura.

Miradas al infinito,
estrellas y humo.
Un santuario y un momento oportuno.

Druidas entre elixires;
mártires, verdugos.

La ciudad que nos vacía,
paciencia y resistencia
ante las cadenas del mundo.

miércoles, 6 de junio de 2012

Las cosas a medias


 Un día fui a decirte mi nombre y no pasé del hola. Al siguiente fui a cruzar tu sonrisa, y me quedé a un centímetro de tus labios. Quería ahogarme en tu lago y me quedé dibujando círculos en tu ombligo. Pretendía dar la vuelta al mundo y solo me asomé por la ventana. Intenté cantarte una canción, y ni siquiera había compuesto la letra. Después fui a escribirlo todo en un libro y lo guardé en un cajón con solo dos páginas.
Pasado un tiempo, pensé en dormir toda la noche, y acabé volviendo por la mañana de la mano del sol, pero en este mundo no todo gira alrededor de él.

No terminar nunca lo que empiezo, es lo que más odio de mi mismo y, ahora solo se que haga lo que haga, probablemente me quede a mitad de camino.

lunes, 4 de junio de 2012

Edificios, ventanas, luces.

Desde la ventana del quinto veo los coches pasar, la gente cruzar; es una bonita noche. Una nueva perspectiva, el cambio que necesitaba. La vida geométrica entre parques, edificios; personas, o más bien robots, estresados, llegándo tarde al trabajo. Mecánica, rutina, angustia. Pero no bajo mi piel, ese es el mínimo consuelo. Gracias a ello escribo esto. Libre, dentro de mi celda de pesimismo.

martes, 29 de mayo de 2012

Allí fue, entre rock y cerveza


[...]Ellos siempre ganaban. Éramos jugadores de una partida de ajedrez en la que el rival iba siempre un movimiento por delante.
Cámaras, satélites, policía y agencias secretas que vigilaban todo lo que pudiera escapar a su control. Era lo que nosotros pretendíamos, escapar.
Resistencia diluida en nuestra evasión, esa que siempre acompañó a los grandes luchadores de antaño, que extenuados ahogaban sus penas en cualquier droga que les guiñase un ojo.
Era bien sabido que nos colocábamos gracias a los mismos que nos prohibían hacerlo; gran negocio hipócrita el suyo. Aún así lo necesitábamos, y en ese bar que doblaba la esquina del callejón era donde solíamos ir a olvidarnos del caos en el que estábamos sumergidos. El mismo lugar donde encontré otra droga mucho más adictiva que la que solía fumar.

[...]Le gusta mirar al suelo cuando pasa por delante, y que yo me coma la cabeza preguntándome por qué no se para. Prefiere rozarme el brazo con sus dedos cuando nos cruzamos, que abrazarme y oler mi colonia; ella también es débil. Recuerda mi aroma, aunque reniegue de él, como yo recuerdo su manera de morderme ambos labios mientras me alejaba de los suyos.
Se llamaba Amanda, costaba encontrar la ternura escondida tras sus rosadas mejillas, y bajo ese caparazón de rebeldía e indiferencia. Me llegaba por los ojos cuando se subía en sus tacones. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Un nombre de pila

Te dejé. Te dije. Puedes llamarme como quieras, pero solamente tú. Y me bautizaste como desvísteme.
Llevo la eternidad sin pestañear hacia tus labios, esperando que me pronuncies.

sábado, 26 de mayo de 2012

¿Qué título quieres que le ponga?


Cómo quieres que luche. Con qué fuerzas. Con qué aliento.
Me lo robaste de la boca, como quien roba el pan para comer; había veneno en tu lengua. Veneno que ya fluye libre mezclado con mi sangre. Muérdeme con tu odio en el cuello y vacíame. Déjame sin nada.
Aún recuerdo mis dedos desfilando por tu cadera, como niños correteando por la hierba del parque.
Y aquel oigo tu latir, que me daba un alivio cuando pensaba que se había parado. Que mi corazón no iba a dar más guerra, si se helaba cuando me susurrabas al oído que te agarrase más fuerte.
Quizás mi mayor error fue no decirte que te quería. Aunque creo que le atribuí la capacidad de hablar a mis ojos. ¿No los escuchabas? Tal vez no hablábamos el mismo idioma. Y eso no tiene remedio. Apunta mi teléfono en una servilleta de bar, de esas que valen para todo menos para limpiar, igual que yo sirvo para dar la cara por todos menos por mi mismo.
A veces los actos irracionales traen mejores consecuencias que los lógicos. Es lo último que te queda de mi. Y a mi, solo el consuelo de que ni tú eres tan buena, ni yo soy tan malo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Tú contra el kamikaze

Cada cual juega sus cartas, lo mejor que puede, lo mejor que sabe.

Diamantes, picas, tréboles o corazones. Decántate o te despluman. El crupier no perdona, y cuando quema la carta que le falta a tu mano, ya solo te queda el farol. Es el momento en el que dependes del rival que se esconde, frente a ti, tras unas gafas negras. Se acabó tu tiempo, habla o muere; duda o no pestañees; sonríe, o vuélvele loco. Nada importa ya, es tu vileza contra su ingenuidad, tu atrevimiento contra su serenidad.


Y el tipo de gafas negras ya no tiene nada que perder, salvo el orgullo.

martes, 20 de marzo de 2012

Pequeños hombres con grandes palabras


Pregúntale si fuma,
si habla con La Luna.
En el estrecho tiempo

en que ni le miento,
ni le hablo.

De todas o ninguna,
de las veces que por una,
locura o pensamiento

ni me muevo,
ni me estanco.

Ni en la mar,
ni en la tierra,
de los hombres en llanto.

domingo, 11 de marzo de 2012

Utópico

La boca te sabe a mierda. El humo es el oxígeno. La vista, ese sentido secundario. En el momento en el que el tacto es la ley, y quebrantarla es la pena de muerte. Nunca fue tan fácil decirle adiós a la desidia, y hola a los cuerpos entrecruzados.

Busco entre las páginas de cada libro de la estantería la frase perfecta, la ecuación sin solución. Busco la incógnita. Le silbo a las interrogaciones. Le canto al amor desconocido.

viernes, 2 de marzo de 2012

Veneno silencioso


Escrito en 15/11/2011

Tanto tiempo malgastado deseando crecer, que cuando maduras te das cuenta de que lo mejor de tu vida ha pasado. Que el tiempo que tiraste haciéndote el mayor, podrías haberlo invertido en ser el niño que en el fondo eras, y que ahora añoras. Queremos crecer muy rápido, y envejecer muy lento, en eso nadamos a contracorriente, pues la vida nos sirve la bandeja del revés, y no hay manera de darle la vuelta. Todo lo demás es posible, todo lo demás podemos cambiarlo, no hay nada que no podamos conseguir; pueden empujarme, pueden tirarme al suelo, pueden hacer que me arrastre, pero no podrán evitar que, sea como sea, llegue a mi destino. Hoy nada puede pararme, salvo la muerte. Pero ya no la temo, esa es otra: solo podemos asumirla, y convivir con ella.