Un día fui a decirte mi nombre y no pasé del hola. Al
siguiente fui a cruzar tu sonrisa, y me quedé a un centímetro de tus labios. Quería
ahogarme en tu lago y me quedé dibujando círculos en tu ombligo. Pretendía
dar la vuelta al mundo y solo me asomé por la ventana. Intenté cantarte una
canción, y ni siquiera había compuesto la letra. Después fui a escribirlo todo
en un libro y lo guardé en un cajón con solo dos páginas.
Pasado un tiempo, pensé en dormir toda la noche, y acabé
volviendo por la mañana de la mano del sol, pero en este mundo no todo gira alrededor
de él.
No terminar nunca lo que empiezo, es lo que más odio de mi
mismo y, ahora solo se que haga lo que haga, probablemente me quede a mitad de
camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario