Desde la ventana del quinto veo los coches pasar, la gente cruzar; es una bonita noche. Una nueva perspectiva, el cambio que necesitaba. La vida geométrica entre parques, edificios; personas, o más bien robots, estresados, llegándo tarde al trabajo. Mecánica, rutina, angustia. Pero no bajo mi piel, ese es el mínimo consuelo. Gracias a ello escribo esto. Libre, dentro de mi celda de pesimismo.
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