Filosofía, política, literatura.

martes, 29 de mayo de 2012

Allí fue, entre rock y cerveza


[...]Ellos siempre ganaban. Éramos jugadores de una partida de ajedrez en la que el rival iba siempre un movimiento por delante.
Cámaras, satélites, policía y agencias secretas que vigilaban todo lo que pudiera escapar a su control. Era lo que nosotros pretendíamos, escapar.
Resistencia diluida en nuestra evasión, esa que siempre acompañó a los grandes luchadores de antaño, que extenuados ahogaban sus penas en cualquier droga que les guiñase un ojo.
Era bien sabido que nos colocábamos gracias a los mismos que nos prohibían hacerlo; gran negocio hipócrita el suyo. Aún así lo necesitábamos, y en ese bar que doblaba la esquina del callejón era donde solíamos ir a olvidarnos del caos en el que estábamos sumergidos. El mismo lugar donde encontré otra droga mucho más adictiva que la que solía fumar.

[...]Le gusta mirar al suelo cuando pasa por delante, y que yo me coma la cabeza preguntándome por qué no se para. Prefiere rozarme el brazo con sus dedos cuando nos cruzamos, que abrazarme y oler mi colonia; ella también es débil. Recuerda mi aroma, aunque reniegue de él, como yo recuerdo su manera de morderme ambos labios mientras me alejaba de los suyos.
Se llamaba Amanda, costaba encontrar la ternura escondida tras sus rosadas mejillas, y bajo ese caparazón de rebeldía e indiferencia. Me llegaba por los ojos cuando se subía en sus tacones. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario