Decían que el talento eran aquellos versos que perdía por el agujero del bolsillo.
Aquellas palabras ligadas que rasgaban el alma y escarpiaban los pelos.
La diferencia entre unos y otros. Hay quienes viven de ello. Hay quienes viven por ello.
Yo solo quiero ser artista de cigarro y cerveza. Famoso entre los oídos más cercanos; de puertas para adentro. Y tocar en compañía las notas que más disfruto. Sin cuerdas, sin teclas, sin pentagramas. Las yemas gastadas y las cortinas ardiendo. Puro jazz callejero, sin orden, sin ley.
Porque el sentimiento va siempre por encima del dinero.
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